29 de diciembre 2020
La pandemia se sumó este 2020 a las diversas barreras que enfrentan los miles de migrantes nicaragüenses, que salieron del país por la crisis sociopolítica y económica causada por la represión estatal en contra de los ciudadanos que reclaman democracia y elecciones libres desde 2018. La covid-19 empeoró la situación de los nicas —en algunos casos con resultados fatales— en Estados Unidos, México, España, Costa Rica e islas caribeñas.
Uno de los casos más mediáticos fue el del nicaragüense Eleazar Blandón Herrera, quien murió a principios de agosto tras ser abandonado en la puerta de un hospital en Murcia, al sur de España, después de sufrir un golpe de calor en el campo de sandías donde laboraba.
Blandón dejó Nicaragua en octubre de 2019. Su plan era trabajar y regresar para instalar un negocio en su natal Jinotega, pero el viaje no fue lo que esperaba: vivió en condiciones precarias, y cuando la pandemia puso en jaque su proceso de asilo, tuvo que aceptar un trabajo en una plantación de sandías, con jornadas de once horas, bajo altas temperaturas y sin agua.
Ana Blandón, hermana de Eleazar, relató que él la llamó semanas antes por el abuso laboral que sufría: “‘Aquí a uno le humillan. Me llaman burro… te tiran el polvo en la cara cuando estás agachado’”.
Para el prestigioso diario español El País, la muerte de Blandón produjo “una reacción inmediata de vergüenza”, ya que se dio en un país de la Unión Europea (UE), donde continúan los abusos laborales de este tipo.
Indigencia en Costa Rica
En Costa Rica, principal destino de refugiados y migrantes económicos, la pandemia trajo escasez laboral, hambre e indigencia. Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados, en una evaluación humanitaria encontró que el 14% de esta población come una vez al día o menos, un 63% lo hace solo dos veces.
Antes de la pandemia el 93% de las familias tenían un trabajo remunerado, ahora solo el 59% ha logrado sostener su trabajo. Muchas han sobrevivido gracias a la solidaridad de otros migrantes y de organizaciones, pero otras han decidido regresar a Nicaragua, pese a la inseguridad y situación económica.
Según datos de Migración de Costa Rica, de las más de 80 mil solicitudes de refugio de nicas en Costa Rica, unas tres mil fueron retiradas. Sin embargo, la mayoría de los exiliados todavía no proyecta volver por miedo a las amenazas y violencia del Gobierno actual.
Tanto los migrantes nicas históricos como los que llegaron en los últimos dos años, enfrentaron el coronavirus y la xenofobia. Costa Rica tuvo bajo control los contagios en las primeras semanas; sin embargo, una vez que los casos empezaron a subir, surgieron señalamientos hacia los extranjeros —la mayoría nicaragüenses—, quienes llegaron a representar casi el 30% del total de contagiados y hoy son cerca del 16%.
Primero hubo preocupación por la entrada irregular de migrantes nicas contagiados por la porosa frontera entre los dos países, luego por el aumento de casos en zonas urbanas con alta población migrante.
Mientras en la zona transfronteriza los poblados vieron interrumpidas sus rutinas de traslado espontáneo entre ambos países; en San José, algunos nicaragüenses se contagiaron porque no podían quedarse en casa.
Nicas intentando volver
“Soy madre soltera y mi hijo me espera en Nueva Segovia. Lo único que hacemos es trabajar para mantener a nuestros hijos. Por favor, abran las fronteras”, fue el clamor de una migrante nicaragüense de más de 500 ciudadanos que estuvieron varados durante 13 días en la frontera de Peñas Blancas entre Costa Rica y Nicaragua.
A mediados de julio, centenares de nicaragüenses en Costa Rica intentaron volver a Nicaragua, pero no pudieron ingresar al país, porque sin previo aviso las autoridades nicaragüenses les exigieron una prueba covid con resultado negativo.
Eran, en su mayoría, migrantes económicos que se habían quedado sin empleo por la pandemia y no tenían dinero para pagar por el examen.
Se quedaron varados en la zona fronteriza, durmiendo a la intemperie, soportando lluvia y sol; sin comer los primeros días, con acceso a un solo inodoro.
Los centenares de migrantes recibieron comida y agua del lado tico. Además, organizaciones humanitarias recaudaron fondos para practicarles las pruebas covid-19, con un servicio privado de un laboratorio clínico costarricense.
Varados en otros países
Este fue apenas uno de los grupos de nicas varados en medio de la pandemia en 2020. Antes hubo casos de migrantes provenientes de países del Caribe, El Salvador, Guatemala y Panamá, a los que tampoco se les permitió el ingreso al país. Para el 23 de abril eran más de 200 los nicas varados.
El Gobierno no cerró oficialmente sus fronteras por la emergencia sanitaria como sí lo hicieron los países vecinos en marzo, cuando el virus llegó a la región. Repentinamente las autoridades prohibieron el aterrizaje de vuelos y la entrada de buses con nicas repatriados. “Como si te cerraran la puerta de tu casa en la cara”, dijo uno de ellos.
Pasaron varios meses hasta que estos nicas pudieron regresar. Todavía a inicios de diciembre regresaban nicas procedentes de Panamá, donde también hubo cientos esperando sin empleo, dinero, ni comida, hasta que el Gobierno de Nicaragua acordó un plan de ingreso “ordenado y seguro” de los nacionales que se encontraban en el país canalero.
A pesar de las dificultades impuestas a los connacionales en medio de la pandemia, el Gobierno asegura que, desde marzo hasta la fecha, casi 80 mil nicas han regresado al país. Es una cifra que no se puede contrastar con las de años anteriores, porque no hay acceso a informes anuales de movimientos migratorios del Ministerio de Gobernación. Tampoco precisa el número de nicaragüenses que se han marchado del país en el mismo período.